| Mathilde Payta vivió el terremoto en Cali y convirtió el dolor en solidaridad: donó sangre, recolectó alimentos, ropa, herramientas y productos de higiene y viajó hasta el Chocó con cerca de cuatro toneladas de ayudas.
| Paula Acosta encontró en Cali el lugar que, según dice, había buscado toda su vida. Llegó a la ciudad después del terremoto y ha acompañado a personas afectadas desde su labor como coach.
Santiago de Cali, 10 de septiembre de 2026
A las campanas de la iglesia del barrio San Antonio se les unió el miércoles (10.09.2026) el silencio de dos mujeres que se abrazaron, lloraron, cerraron los ojos y dejaron que los recuerdos de aquel 10 de agosto volvieran a estremecerlas.
No nacieron en Cali. Una llegó desde Francia y la otra de Ecuador. Pero las dos encontraron aquí un lugar al que hoy llaman casa. Ambas viven en el barrio San Antonio y se enamoraron de Colombia. Y desde su altruismo, decidieron acompañar a una ciudad que todavía intenta levantarse de uno de los terremotos más dolorosos de su historia.
Cuando las campanas comenzaron a sonar, Mathilde Payta sintió que algo se rompía por dentro. “Creo que no se explica. Cuando empezaron a sonar las campanas y las bocinas, se sintió cómo la piel que se eriza. Los sentimientos atrapados ahí y las lágrimas empezaron a caer”, expresó.
Ella nació en Troyes, Francia y vive en Cali desde hace dos años, después de haber pasado por Medellín y recorrido diferentes lugares del mundo. El 10 de agosto estaba en la ciudad y sintió el movimiento de la tierra.
Un mes después, frente a la iglesia de San Antonio, volvió a sentirlo, pero esta vez en el corazón. “Hoy tengo el corazón partido, porque pienso en todas esas personas que perdieron mucho o todo. Ha sido una conmemoración bastante fuerte. Siento que saqué todas las lágrimas que tenía aquí atrapadas”, confesó.
Para Mathilde, quedarse de brazos cruzados nunca fue una opción. Después del terremoto comenzó a buscar la manera de ayudar. Donó sangre; recolectó alimentos, ropa, herramientas y productos de higiene. Con amigos puso en marcha campañas para recoger recursos y participó en un centro de acopio en el barrio San Cayetano. “Pensábamos que íbamos a llevar unas cajitas y al final llevamos casi cuatro toneladas al departamento del Chocó”, dijo la francesa.
Una ecuatoriana que encontró su casa en Cali
A su lado estaba Paula Acosta, una coach ecuatoriana nacida en Quito. Hace tres años llegó a Cali y, después de haber vivido en diferentes países, asegura que encontró aquí algo que no pudo explicar con razones, sino con el corazón.
“He vivido en muchos países y encontré mi casa en Cali. Recorrí el mundo para llegar al lugar donde mi corazón siempre pertenecía”, manifestó.
Paula trabaja a distancia y no estaba en la ciudad el día del terremoto. Tenía previsto viajar y llegar al día siguiente, pero el cierre del aeropuerto cambió sus planes. Sin embargo y desde la distancia, permaneció pendiente de sus amigos y conocidos.
Su manera de acompañar ha sido desde la palabra, la escucha, la nutrición y el afecto. “Mi rol ha sido un poco sostener a muchas personas, en cuanto a dar algo de nutrición y amor, porque ha sido muy fuerte. Lo que vi en Cali al llegar hace tres años fue mucha amabilidad, solidaridad y ahora, después del terremoto, eso se ha intensificado. Se siente como que una gran familia se ha formado. Se siente realmente como esa belleza y esa esencia de Cali está más presente y es muy inspiradora, a pesar de todo este dolor”, expresó.
Mathilde también tiene su propia historia de amor con Colombia. Se enamoró del país hace siete años. Vivió en Medellín, pasó allí la pandemia y, posteriormente, llegó a Cali gracias a un proyecto relacionado con el Pacífico colombiano. “Estoy enamorada de la ciudad, de los colombianos y de la salsa”, esbozó Payta.
Mathilde, la francesa que llegó a Colombia, se enamoró de su gente y terminó llevando ayuda hasta el Chocó; y Paula, la ecuatoriana que cruzó el mundo hasta encontrar su casa en Cali, no recordaron solamente la tragedia: quisieron también abrazar la vida en la colina del barrio San Antonio.


