Santiago de Cali, 10 de septiembre de 2026
Diana Troncoso está aprendiendo nuevamente a caminar. La joven mujer caleña, quien quedó atrapada entre los escombros del edifico Torres del Limonar el pasado 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7.4 en la escala de Richter golpeó violentamente a Cali durante 90 segundos, está dando sus primeros pasos en la Fundación Valle del Lili.
En esta clínica, ubicada en el sur de Cali, se recupera de las heridas que le dejó el colapso de una de las dos torres de cinco pisos, con 40 apartamentos, en el barrio Capri, que fueron su hogar. Ella afirma que “volvió a nacer” y que quiere sanar las heridas físicas y del alma y las de quienes quieran recibir su mensaje.
7:34 de la mañana
“El primer momento fue cuando me llegó el mensaje de que había un temblor. Me levanto de la cama y se empezó a mover muy fuerte el edificio: se empezó a caer todo. Entonces lo que hice fue hacerme en el marco de la puerta y allí ya caí”, cuenta Diana, recordando cómo comenzó la tragedia del edificio en el que 25 caleños perdieron la vida.
La primera reacción de esta biomédica, con 31 años de edad, fue validar que estaba viva. “Lo segundo fue mirar cómo me encontraba físicamente, si tenía heridas de gravedad; si estaba sangrando; alguna perforación y me di cuenta que no. Tenía el lado izquierdo totalmente inmóvil y estaba aprisionada con una varilla entre mis piernas. De resto, podía mover el brazo derecho y con la bendición de que caí con el celular en la mano”, describe.
Entonces hubo un diálogo con Dios. “Al caer le dije: quedé viva y si estoy viva es por algo. Sácame de acá Dios, ayúdame a encontrar la forma de salir”, recuerda.
En una sala especial de la clínica, Diana narra con mucha tranquilidad su vivencia; no llora; se percibe una gran esperanza y alegría en su relato. Su historia de vida es de supervivencia.
“El embarazo de mi mamá fue complejo. Yo casi no nazco y ella casi muere. Y aquí estamos. Y para este proceso de rescate, a mí me han preguntado: ¿por qué no salió corriendo?, ¿por qué no se fue? Yo respondo que no me dio tiempo y que entre quedar en cualquier lado o quedar en mi cuarto, para que mi mamá supiera dónde estaba, preferí quedarme en el cuarto. Y los que me han contado la otra parte de la historia dicen que mi mamá siempre aseguró: ella está en ese cuarto, está allí”, detalla.
La madre de Diana acompaña la entrevista y recuerda que siempre le ha dicho a su hija que es una guerrera. “Ella ha luchado dos veces por su vida, yo también, y aquí estamos juntas hasta que Dios quiera, porque el día que entré a dar a luz, lo hice sin esperanza de salir: solamente para que ella naciera. Pero Dios nos dio la oportunidad de estar acá y yo le digo a ella que la acompañaré hasta que Dios quiera”, resalta.
Recordando las casi 30 horas bajo los escombros
“No podía hacer llamadas porque estaba sin servicio, pero tenía luz, tenía la linterna y con ella pude ver que arriba de mi cabeza había un poco de espacio. Entonces pude enderezarme y tener una mejor posición. Digamos que estuve calmada hasta cierto momento, hasta que escuché a los rescatistas y hasta que ellos lograron ubicarme. Allí empezó todo el proceso de: por favor sáquenme”, rememora.
Agrega que en esas condiciones no se sabe cuánto tiempo pasa. “No sabía si era de día o de noche, ni cuántas horas estuve allí. Hasta que de camino en la ambulancia para la institución de salud, uno de los rescatistas dijo: ella pasó 29 horas bajo tierra”, aclara.
Pero el rescate no fue fácil. “Estaba tan atrapada que los rescatistas decían: ¿cómo la vamos a sacar de ahí. El tercer intento fue el que tuvo éxito. En el primero, se me salió la cuerda que me tenían; a la segunda, me estaba aprisionando acá el pecho y; la tercera, hicieron como un infinito donde lo pusieron acá en los hombros y con la fuerza que tuvieron me sacaron”, pormenoriza.
La respuesta de rescatistas y de la Alcaldía de Cali
El 10 de septiembre, un mes después de lo vivido, Diana le agradece a los Bomberos de Cali y Bogotá, a todos los rescatistas y al alcalde Alejandro Eder.
“Es un ser humano maravilloso, realmente. La camiseta ya se la ha puesto todos los días. Sé que ha ayudado bastante, ha estado al pendiente de todo lo que ha sido posible para él. Personalmente, ha sido una tranquilidad y una bendición que él haya estado en el lugar del rescate. El alcalde ha estado muy pendiente de mi familia y mi recuperación”, expresa con gratitud.
Lo que sigue
El mensaje de Diana no es solamente para los que estuvieron abajo y fueron rescatados. “Sé que cada uno sintió miedo y seguimos con algún temor. Hay que buscar ayuda y no tener miedo a expresar lo que sentimos. Lo otro es estar muy unidos y valorar la familia; no esperar a que pasen este tipo de cosas para demostrar lo que sentimos y cómo amamos a los que están a nuestro alrededor. La sola existencia de cada uno, ya tiene valor”, asegura.
Ahora solo piensa en recuperarse bien. “Aquí me han dado los mejores cuidados y vamos por buen camino. Hay mucho tema de paciencia, porque la recuperación en terapia física requiere tiempo. Una vez que culmine eso, iré a Buga para agradecer al Señor de los Milagros, Luego vamos para Bogotá para agradecer a los bomberos directamente. Y de allí sigue el trabajo: volver a toda mi rutina, porque me gusta lo que hago”, proyecta.
Diana Troncoso se levanta al terminar nuestro diálogo, ayudada por miembros del equipo de la Fundación Valle del Lili, que acompañan entre lágrimas la entrevista. Luego se aleja para regresar a su habitación, no sin antes dejar su frase favorita por estos días: “donde hay vida, hay esperanza”.
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