Huyendo de la guerra, apostándole a la vida y a un futuro mejor, Édgar Restrepo López, el noveno de doce hermanos, es uno de los más de ocho millones de desplazados obligados a abandonar su tierra natal a causa del conflicto armado que se vive aún en zonas rurales de Colombia.
Según cuenta este hombre de 58 años, tez canela y de ojos achinados, él y su familia huyeron hace más de 20 años del hostigamiento de los grupos armados ilegales; salieron de su pueblo natal ubicado en la vereda de San Rafael del municipio de Tuluá, lugar donde se había forjado su historia familiar por más de tres generaciones, la cual le había dado su amor más grande y la razón para seguir luchando: su hija Lina.
Fue así como un miércoles del año 2000, uno de los periodos violentos del país con más de dos millones de hechos vìctimizantes declarados ante el Ministerio Público, este hombre de sonrisa amplia y manos fuertes decidió armar la maleta, llenarla de ropa y de miedos, pero también de ilusiones y esperanzas. Tomó un bus con los pocos recursos que alcanzó a reunir y huyó con su esposa Elsy y su hija Lina. Debían correr para evitar la muerte y buscar un mejor futuro.
“No es para nada fácil dejar las comodidades y ante todo la libertad del campo, para llegar a la ciudad u otro territorio sin nada”, expresó Édgar con la voz entrecortada. Hay que sobrevivir en un territorio nuevo porque la vida sigue, como la guerra. Y llegó a Cali y con la resiliencia que caracteriza a quienes han sido afectados por el conflicto armado, se ubicó en una casa modesta y empezó a luchar de manera aguerrida por mejorar su calidad de vida.
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A mediados del año 2001, atendiendo el consejo de su hermana Mónica, y tras buscar infructuosamente empleo, montó su emprendimiento de venta de arepas en una esquina del barrio El Refugio; con el poco dinero que le quedaba consiguió un asador artesanal, carbón e insumos para preparar arepas con la receta de su madre Rita que preparaba “las arepas más ricas del mundo”.
“Empecé a vender arepas sobre una tapa de alcantarilla, porque me pretendían cobrar por hacerme en el andén de casa. Era muy agotador estar tantas horas de pie, había días que mis piernas no daban para más, estaba con el cuerpo que no daba más, pero con el corazón tranquilo de saber que mi familia no iba a pasar hambre”, expresó Édgar.
Hacia 2005 pudo tener un local y diversificar el mercado con la venta de chuzos, carnes a la parrilla y comidas rápidas, lo que le permitió aumentar sus ingresos y compartir su bendición empleando a otras víctimas del conflicto armado.
“Recibí ayudas y orientación de diferentes entidades gubernamentales, entre ellas la Alcaldía de Cali. Hoy ya son 20 años en los que emprendí esta lucha, mi hija terminó sus estudios profesionales y por fin tenemos una casita y un local propio, que nos ha permitido tener entre nuestros empleados no sólo víctimas sino también migrantes venezolanos. Solo quiero decirles a las personas que están pasando una situación similar a la mía que no desfallezcan. Sí es posible rehacer una vida después de la guerra”, expresó Édgar Restrepo.
Él es el propietario de El Arepazo de Elsy, una de las microempresas que surgieron de la necesidad de sacar adelante a sus familias y que contaron con el respaldo de la Alcaldía de Cali, la única ciudad colombiana donde la ayuda humanitaria se entrega de manera inmediata a personas desplazadas, mediante la entrega de bonos de alimentación, aseo, dotación, hogar de paso y asistencia funeraria.
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Las cifras
Cali, según datos obtenidos de la Red Nacional de Información, es una de las principales ciudades receptoras de víctimas del conflicto del suroccidente colombiano con 244.705 desplazados de la violencia, sujetos de atención y/o reparación. De acuerdo con el último informe de rendición de cuentas de la Secretaría de Bienestar Social de Cali, más de 49.000 víctimas del conflicto armado son susceptibles de ayuda humanitaria inmediata, hogar de paso, reparación, entre otros servicios han sido atendidas en el Centro Regional de Atención a Víctimas.
Colombia es considerado uno de los países con mayor riqueza ambiental y belleza, generador de vida, pero a la vez ha sido el escenario de uno de los conflictos armados más largos y complejos del mundo, que continúa generando uno de los desplazamientos internos más grandes que haya visto la humanidad, con más de nueve millones de personas afectadas por la violencia, y tal como lo expresó el presidente Gustavo Petro, en su discurso ante la ONU: «Vengo de un país de belleza ensangrentada».
Desde 1985 hasta 2022, más de ocho millones de personas han sufrido el desplazamiento forzado, y durante 2022 más de 70 mil personas han sido desplazadas en Colombia según el último informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Asimismo, la Defensoría del Pueblo explicó que los casos siguen en aumento. “Este año se duplicó el número de los eventos de desplazamientos en el país, y se incrementó en 256 % el número de personas afectadas” puntualizó el Defensor del Pueblo, Carlos Camargo.


