Viste un jean morado, una camiseta negra que en su parte de atrás dice ‘logística’, y tiene una cabellera que le llega a sus hombros, la cual es ondeada por la brisa que a las 6:00 p.m. se toma el Bulevar del Río, el epicentro del alumbrado navideño ‘Cali, Luz y Alegría’.
Allí trabaja controlando el acceso de las personas que ingresan al evento, a quienes saluda amablemente y les explica que este show de luces y colores tiene un horario de 6:30 p.m., a 11:30 pm.
Su voz es gruesa, pero su comportamiento es delicado. Es Evans Contreras, una chica transexual de 25 años, quien este año tiene la oportunidad de trabajar en el alumbrado navideño.
“Es la primera vez que lo hago en mi vida y me siento muy bien, tanto mis compañeros como las personas me han tratado muy bien”, dice.
El alumbrado navideño no solo es un espacio de encuentro ciudadano, sino un evento de inclusión laboral que genera cerca de 1.300 empleos directos e indirectos. En él trabajan madres cabezas de familia que participan en la elaboración de las figuras, así jóvenes que prestan apoyo en la seguridad, logística y control de acceso.
“La idea es que las personas que visitan el alumbrado navideño puedan sentirse bien y que todo esté seguro”, comenta Evan.
Evans es oriundo de Cúcuta (Norte de Santander) y llegó a Cali hace 5 años para buscar un mejor futuro. Y aquí no solo encontró una ciudad de puertas abiertas, sino de gente amable.
Es tímida, servicial y decidida. Desde que tenía 11 años supo que siempre quiso ser mujer, sentía que no encajaba en el cuerpo de hombre con el que había nacido y por eso empezó a transformarlo poco a poco.
“Levantarme todos los días, mirarme al espejo y verme cada vez más femenina, es algo que me inspira todos los días. Aspiro tener el cuerpo totalmente como el de una mujer, operarme los senos y todo”, cuenta.
Y es que su vida no ha sido fácil. Por su identidad de género, que lo hacen pertenecer a la comunidad Lgtbiq+, ha sufrido rechazo en su familia, en sus amigos y en la sociedad. Pero son ‘gajes del oficio’ que la han hecho más fuerte.
“Si alguien se siente bien como es, pues hay que aceptarlo. A mí me han pasado cosas duras en la vida, pero gracias a Dios he podido superar cada prueba”, afirma.
Por eso, su mensaje para la sociedad es a no discriminar a nadie por su raza, género, nacionalidad o religión. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos y lo importante es luchar por lo que nos haga felices.


