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Hace 8 años se fundó en Berna (Suiza), la primera escuela de salsa caleña donde Morgane Guillaume, en su Academia Attitude, no solo tiene de alumnos a niños desde los dos años, sino también personas adultas y otras en condición de discapacidad.

“Primero aprendí a bailar salsa cubana -dice Morgane- pero sentí que me faltaba algo. Y ese algo era el sabor, la alegría y la energía de la salsa caleña, la cual conocí cuando vi en Europa a un bailarín caleño que se movía con un ritmo endemoniado y dije: ¡Guau… qué es esto¡”.

Me le acerqué -continuó Morgane- y me explicó que así se bailaba en Cali. Me enseñó unos pasos, sentí que el alma se me transportaba de la dicha y me enamoré de ese ritmo. Llegué a mi casa, entré a Youtube y puse cientos de vídeos de salsa caleña, seguí los pasos, los copié, me los aprendí y me sentí a otro nivel.

“Fue tanto mi amor por Cali y su baile que me propuse ser una embajadora de la salsa caleña en mi país, por lo que monté la escuela y desde allí inicié un proceso de mejoramiento de clases, integrando bailadores, bailarines y personas con alguna discapacidad. La idea ha sido colombianizar a la gente, haciéndoles entender que Colombia es un país hermoso en el que existe una ciudad que se llama Cali, donde la gente irradia sabor, alegría y felicidad como en ninguna parte del mundo”.

Afortunadamente y como cosa del destino, conoció a Luca Bachisfete Ruef, un chico 50% suizo y 50% colombiano; hijo de padre caleño, quien desde niño empezó a vivir y disfrutar la salsa.

“Me acuerdo que en mi familia hacíamos bailes sociales decembrinos en Cali y yo me deleitaba con la salsa. Sentía que la llevaba en la sangre. Viviendo en Suiza conocí a Morgane, me profesionalicé y ahora bailo con ella. Es mi pareja, la que me recocha, la que habla hasta por los poros y la cajita de música con la que me siento feliz. Ella y la salsa han sido la combinación perfecta, pues el baile para mí lo es todo. Me relaja y me hace ser real”, dice Luca.

Ellos se han convertido en la cara amable de Cali en Suiza. Irradian simpatía, felicidad, hablan de los pasos laterales, del repique, punta talón y otras tantas cosas mientras se miran y sonríen. Les tienen paciencia a los chicos que se mueven con dificultad, les enseñan los pasos fáciles y a amar a Colombia.

“Soy afortunada, estoy dichosa y emocionada de estar en Cali disfrutando un Mundial de Salsa. Es un privilegio que me dio la vida. La gente de Cali se ganó mi corazón, amo el cholao, la rumba y el sabor”, dice Morgane al tiempo que toma de la mano a Luca y ambos improvisan una coreografía colombo europea, con la precisión de los relojes de su tierra.