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Santiago Cali se levantó más temprano este 19 de junio. El frío de la mañana no fue impedimento para que un puñado de funcionarios, con celeridad y compromiso, limpiara los estragos de la lluvia caída la noche anterior sobre el puesto de votación del coliseo El Pueblo. Todo se subsanó hacia las 5:00 a.m.

El cielo se fue despejando y el sol comenzó a salir con timidez. A las 7:40 de la mañana, el alcalde Jorge Iván Ospina, con una invitación a los caleños, en especial a los jóvenes, participó en la apertura de las elecciones, que en su segunda vuelta definirían al nuevo presidente y vicepresidente de la Nación.

Hacia el medio día, los caleños acudían a su cita con la democracia en los 190 puestos de votación distribuidos en la geografía local. En el denominado puesto censo, ubicado en el coliseo El Pueblo, el secretario (e) de Seguridad y Justicia, Jimmy Dranguet, megáfono en mano, instruía al electorado sobre el acceso al sitio para que todo marchara sin inconvenientes. También explicaba ante las redes sociales, que el balance a esa hora era más que satisfactorio, porque la gente en mayúscula afluencia hacía gala de su compromiso con el país.

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Ya en la tarde y cuando el reloj hacia su rolar inexorable, las autoridades seguían en detalle el transcurrir de la jornada electorera, mientras que en terreno los guardas de tránsito y las Fuerzas Armadas jugaban su papel de garantes de los comicios.

Cuando rayaron las 4:00 de la tarde, sonó el Himno Nacional y transcurrida una hora las urnas dictaron su veredicto. El pueblo soberano salió a las calles donde reconoció que ganó la democracia y el civismo, expresando casi que al unísono que las justas democráticas ya pasaron y que, por tanto, “en Cali cabemos todos”.

El ambiente de alborozo era similar al de aquellas tardes y noches, cuando con grandes gestas los equipos de este territorio, que ha sido fiel heraldo de la libertad, triunfaban ante similares de otras latitudes, o cuando la tricolor o un desenfrenado ciclista, luchador, boxeador o levantador de pesas, se colgaba una presea a la distancia.

De esta manera, Santiago de Cali, la Sultana del Valle, la Sucursal del Cielo, la del puro corazón, le cumplió al país en medio de una fiesta democrática, se sobrepuso al pesimismo y los agüeros de unos cuantos, demostrando, una vez más, que sus padres ganaron la guerra y hoy sus hijos ganan la paz.

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