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Según académicos y expertos en nuevas tecnologías, las ciudades en transición del siglo XXI deben migrar rápidamente a la innovación tecnológica y la automatización, para no quedarse rezagadas ante un mundo que ha dado pasos enormes en la digitalización de los procesos.

“Una ciudad inteligente maximiza la inclusión a través de prestación de servicios eficientes. Esto se logra con acceso a la información o data y al contexto del ciudadano, que permite tener un análisis de lo que requiere la comunidad”, afirma Paula Andrea Roldán, articuladora de políticas públicas de Medellín.

La capital antioqueña ha avanzado en el índice de percepción ciudadana como una ciudad inteligente en el país. A nivel de desarrollo, ocupa el puesto 126 del ranking de ciudades en Latinoamérica y aunque aseguran que apenas se está iniciando, la invitación es a que Colombia en general no se quede rezagada ante lo que el mundo actual exige.

Explica Paula que una ciudad inteligente se define en su capacidad de transformar el conocimiento al servicio del bien común y de la sociedad. “Es la capacidad de la ciudad de mejorar los resultados socio económicos a beneficio de sus ciudadanos, pero ese crecimiento económico es a consecuencia de la calidad de vida del ciudadano, que puede tomar decisiones alrededor de los datos que le entrega su ciudad”, conceptúa.

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La data puede contener información sobre qué tan cerca está el servicio público de transporte y cómo es ese proceso de movilidad. También contiene lo que genera el desarrollo de tecnologías limpias en esa movilidad y si es sostenible, entre otros muchos datos, que ayudan en la toma de decisiones para la construcción de políticas públicas y de un gobierno abierto con procesos colaborativos.

Cuando una ciudad es inteligente, genera capacidades transversales que propician beneficios y la replantean. Asimismo, se cuenta con conocimientos aplicables y búsqueda de soluciones innovadoras, para prestar servicios eficientes que amplíen las posibilidades de sus ciudadanos.

Por ejemplo, la velocidad en internet es una ventaja competitiva a nivel de infraestructura de ciudad. Los países desarrollados han garantizado el funcionamiento de sus ciudades en la operación de semáforos, alumbrado público, internet y otros servicios de la cuarta revolución industrial.

El modelo económico actual debe responder a los cambios en el comportamiento del consumidor, ya que ahora es más personalizado y no masificado.

Para el arquitecto y urbanista Erik Vittrupp Christensen, coordinador de Smart Cities en Dinamarca, una ciudad inteligente ofrece condiciones, incentivos y estímulos para su ciudadanía, lo que incluye el diseño de espacios que estimulan a la creatividad de manera incluyente e inclusiva y con equidad.

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“El siglo 21 va a ser caracterizado por la férrea competencia entre ciudades por recursos o inversiones. Los que ganen estas batallas van a ser los que logren crear mecanismos para identificar, cultivar, atraer y sostener el talento humano”, considera.

El urbanista insiste en que Cali no debe tener miedo de abrigarse con experiencias exitosas del mundo, de cara a construir un modelo propio de desarrollo de la ciudad y para la ciudad.

‘Calinteligente’ busca adaptar la semaforización a las necesidades del tráfico de la ciudad sistematizándola; se quiere cambiar a una iluminación led que funcione con sensores para el ahorro y la adecuada gestión de los recursos; en la transmisión de información por fibra óptica y la operatividad de inteligencia artificial para el control y monitoreo de servicios públicos.

En concepto de Paula Andrea Roldán, hay que celebrar el proyecto que inicia en la capital vallecaucana. “Creo que ya han empezado con una estructura limpia en materia estratégica de las acciones que se van a desarrollar, que es fundamental para que un proyecto como estos, de alta envergadura, se mantenga en el tiempo”, destacó.

Las ciudades inteligentes optimizan sus recursos y dinamizan la industria local y nacional con plataformas que integran los servicios y responden, en tiempo real, a las contingencias generando sostenibilidad, calidad de vida, eficiencia energética y competitividad.

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