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Ezequiel, Isaías, Winston y Jackson, cuatro morochos acuerpados, llenos de vida y con una macana en sus brazos que se les brotaba por las mangas de la camiseta, se vieron a gatas y sudaron a chorros para darle una sola vuelta al ancestral trapiche de madera en el que pretendían extraer el jugo de una caña gorobeta.

“Por eso es que a estos trapiches les dicen ‘mata cuatro’. Hay que tener mucha fuerza para mover esa estructura de chonta, pero he ahí la gracia. Entre más se le pelen las manos a uno y más callo te saquen, más amor le coge a elaborar el viche porque esa es la huella de la africanía, de la ancestralidad. Y como ve, somos varios moliendo y sufriendo”, dice Jackson mientras jadea y se seca el sudor.

Este hijo de Quibdó (Chocó), Jackson Ramírez Machado, fue uno de los asistentes al Centro Cultural de Cali, donde en el marco de la vigésima quinta versión del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez se celebra la inclusión de la manifestación cultural del viche y las bebidas asociadas a la caña de azúcar en la lista representativa del patrimonio nacional, pues el pacífico de Nariño, Cauca, Chocó y el Valle del Cauca se tomaron de la mano para reafirmar ese tejido social de 520 años de historia de las comunidades negras, raizales, palenqueras y afrocolombianas del Pacífico.

Con esta declaratoria se acaba la persecución a las bebidas destiladas y se da vía libre a la siembra y producción de la caña de azúcar en el campo para destilar viche, pues hay muchos derivados que no son de caña sino de plátano, panela u otro producto, pero ahora es la oportunidad para fortalecer el desarrollo económico de la población afro, reivindicándose a través de sus saberes ancestrales.

Cabe aclarar que el viche es el destilado de la caña de azúcar que se fermenta, con un proceso rígido y cauteloso que dura varios días; mientras que el curao es una derivación a la que se le añaden plantas medicinales, mágicas, religiosas, que tienen bondades curativas asociadas a la infertilidad, la impotencia sexual, los miomas, los períodos menstruales, para limpiar el hígado y los riñones. Las mujeres dicen que les alivia todo. Los hombres dicen que eso sirve hasta para la hoja de vida.

Ana María García, coordinadora del Grupo de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ministerio de Cultura, al respecto anota que los saberes asociados al viche del pacífico colombiano fueron incluidos en la lista representativa, lo que indica que esta manifestación ancestral tradicional es muy importante para reflejar y mostrar la diversidad cultural del país.

 

“La comunidad afro hizo un esfuerzo de elaborar un plan especial de salvaguarda, lo cual es un acuerdo social y administrativo para manetener viva su tradición. Dentro de este plan no solo están la caracterización, la identificación de riesgos y las fortalezas, sino la fijación de líneas estratégicas para articularse con los organismos departamentales y nacionales para obtener la financiación, siembra de la caña, elaboración de trapiches y destilación”, manifestó García.

La noticia fue muy bien recibida en el marco del Petronio número 25 que concluye este domingo 19 de diciembre en la Unidad Deportiva Alberto Galindo de Cali. Ana María Martínez Palacios, del Atrato (Chocó), Teresa Candó, de Guapi (Cauca) y hasta el mismo Jackson Ramírez hicieron un llamado a los Consejos Comunitarios de las riberas de los ríos del Pacífico para que inicien su proceso de producción del viche con unidad, solidaridad y cooperativismo, para evitar intermediarios encarezcan o adulteren el producto.

Y que ahora que existen trapiches eléctricos, hidráulicos y sofisticados, donde el esfuerzo físico es mínimo y el proceso ancestral nulo, no vaya a ser más la fuerza que tengan que hacer los vicheros para que la tradición no se pierda y el ‘mata cuatro’ no se archive.

 

 

 

 

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