Seleccionar página

¡Bravo¡ ¡Bravo¡ ¡Esa es Cali¡ gritaba a todo pulmón Rafael Sánchez. Un jubilado de los Ferrocarriles Nacionales que desde las 10:00 de la mañana aseguró su silla en el puesto de cholados El Cacique, de la calle novena, esperando el paso de la llama Panamericana.

“Así quería ver la ciudad: alegre, con la gente en la calle gritando, los carros y las motos pitando y banderas por todas partes, porque Cali es la capital deportiva de América y la capital mundial de la alegría. Dejemos atrás lo desafortunado que pasó y volvamos a sonreir. En verdad, sentí la Cali del 71”, decía este caminero de 79 años.

Su hijo Martín, de 32 años, no vivió los VI Juegos Panamericanos de aquel entonces, pero conoce la historia de pe a pa porque es comunicador social de la Universidad Santiago de Cali y es socio de una empresa de recreacionistas que, entre sus activaciones, hacen recorridos por la ciudad con grupos de turistas y les van contando la historia de Cali a través de los sitios icónicos.

Lo que más le impresionó del recorrido de la antorcha, fue que dos jugadores de fútbol de equipos diferentes como Hamilton Rickard (Deportivo Cali) y Gerson González (América) trotaran juntos y se alternaran la tea.

“Qué mensaje tan verraco ese. Es decirles a los hinchas de las barras rojas y verdes que la hermandad está por encima de cualquier resultado, que debemos ser tolerantes en la cancha y en la tribuna. No sé de quién fue ese cabezaso, pero… mis respetos”, manifestó levantando el dedo pulgar hacia arriba.

Otra que quedó impresionada con la caravana multicolor fue Ernestina Ambuila, una de las que pica la fruta, raspa el hielo, inunda de anilina y lechera y alista el vaso en las canchas panamericanas. A sus 20 añitos nunca había visto un carnaval de esta magnitud, pues en Triana (su pueblo natal y del que salió apenas hace 5 meses) esas cosas tan grandes no se ven.

Hasta ‘Moncho’, un habitante de calle que con una chuspa negra inmensa recorre las canecas de los puestos de cholado buscando qué reciclar, se sintió feliz de ver tanto alboroto.

“Al menos hoy no vi la gente tan amargada como la que se ve últimamente con ese virus. Puede que esa actitud dure lo que resta del año, pues ya se siente la fiesta de diciembre en las calles. Y cuando la gente está contenta tira la propinita y uno levanta lo de la comidita mientras se la rebusca”, dijo con absoluta seguridad.

La alegría de saber que ya empezaron los I Juegos Panamericanos Junior Cali 2021 fue contagiosa. En medio de risas, Yulieth, del cenadero El Bochinche, pidió boletas. Julia, de una venta de accesorios para celulares en Centro Sur Plaza, quería la camiseta y José Fernando, camillero en la Clínica Rey David, se ofreció para acompañar a las delegaciones para asegurar su ingreso a los escenarios. Sea como sea, todos quieren hacer parte de la historia.

Comentarios Facebook