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El cambio climático es una de las problemáticas que más preocupa a los habitantes del planeta. Luego de presentarse el informe de la ONU sobre cambio climático, el secretario general de la Organización, António Guterres, aseguró que este es «un código rojo para la humanidad. Las señales de alarma son ensordecedoras y las pruebas son irrefutables».

El revelador informe asegura que se espera que la temperatura global alcance o supere los 1,5 °C o más de calentamiento en los próximos 20 años. De allí que, como Administración local, asumimos el reto de movilizarnos para implementar acciones que nos permitan alcanzar la resiliencia en este tema.

“Hay una evidencia científica que el cambio climático es una realidad y que tenemos el reto de afrontarlo, mediante acciones que reduzcan los impactos que generamos. Las inundaciones, los deslizamientos, la presencia del plástico en los océanos, la deforestación, los incendios forestales acentuados, son algunas de las formas como se manifiesta la intromisión antrópica que hemos hecho en el planeta y que debemos empezar a mitigar”, expresó Gisela Arizabaleta, coordinadora del Grupo de Calidad de Aire y Mitigación al Cambio Climático del Dagma.

En Colombia contamos con la Ley 1931 de 2018, marco de política que exige Planes de Acción a las regiones, para enfrentar los retos que demanda el cambio climático y la ratificación de las contribuciones nacionales determinadas del Acuerdo de París, COP21.

La WWF Colombia presentó en 2021 el resultado del último Inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEI), para Santiago de Cali, como apoyo técnico a la ciudad, que la ubica como una de las capitales con esta relación detallada de sus emisiones más actualizada. Este estudio arroja que el 35% de las emisiones estimadas de GEI corresponde a energía estacionaria, es decir, viviendas y en general edificaciones, la industria y todo lo que mueve la economía; el 49% recae en el sector transporte, entendido como combustibles vehiculares; un 13% pertenece a residuos y 1% al sector Afolu (agricultura y demás usos del suelo).

“Desde la Administración caleña asumimos la responsabilidad de adelantar cuatro acciones territoriales a nivel local, dos tienen que ver con el Sistema Integrado de Transporte Masivo – MÍO, el MÍOCable y la incorporación de los 26 buses eléctricos, la tercera con la política pública de bicicletas y finalmente, la implementación de la granja solar. Estas cuatro medidas para la ciudad nos van a permitir disminuir nuestra huella de carbono”, precisó la ingeniera Gisela Arizabaleta.

Además, Santiago de Cali cuenta con una hoja de ruta, el Plan Integral de Gestión del Cambio Climático, con 10 líneas estratégicas y 48 acciones concretas, en concordancia con el Plan de Desarrollo Distrital, Cali Unida por la Vida, y se trabaja por ampliar el espacio público efectivo, en la eficiencia energética, en el consumo y la demanda razonable de bienes y servicios. Esta es la forma como los ciudadanos pueden, directamente, ayudar a disminuir sus gases de efecto invernadero.

Un compromiso de política, desde lo institucional y una demanda para que la comunidad se articule y desde sus hogares genere acciones que den respuesta a esta transición ecológica que debemos dar entre todos.

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