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Cientos de ciudadanos se han acercado a la Unidad Deportiva Alberto Galindo, donde opera la Ciudadela Petronio, para apoyas las labores a favor de los damnificados.
Luz Adriana Hoyos, voluntaria en el centro de acopio de la Unidad Deportiva Alberto Galindo, vivió el terremoto del pasado 10 de agosto en el barrio El Limonar, desde un séptimo piso y, a pesar de que en un principio fue evacuada de su vivienda y posteriormente ha tenido que lidiar con múltiples contratiempos, decidió sumarse y aportar desde sus posibilidades para hacerle frente a esta emergencia.
Para ella, ayudar empezó por superar el miedo, en tanto que el terremoto provocó la evacuación de su conjunto residencial mientras se verificaba el estado de las estructuras. Aunque posteriormente se determinó que su vivienda era habitable, los rezagos de la tragedia quedaron latentes.
“Vivo con mi mamá, con mis niñas. Quedamos bastante asustadas. En la unidad donde vivimos, la gente evacuó porque se vieron muchas averías, pero las personas de la secretaría de Gestión del Riesgo evaluaron la estructura y vieron que no estaba comprometida y que era habitable. Pero al principio nadie quería en la unidad”, indicó Hoyos.
En su hogar aún enfrenta dificultades por la falta de algunos servicios públicos, pero cuando pudo resolver parte de esta situación decidió salir y llegar hasta la Ciudadela Petronio para convertirse en voluntaria.
“Es muy triste ver tantas personas afectadas y uno ver que puede aportar. Si estamos bien, con salud, con vida, hay que dar ese aporte para ayudar a las personas que más lo necesitan”, contó Luz Adriana.
En la Casa Grande del Petronio las donaciones de los caleños son recibidas, organizadas y despachadas de acuerdo con las necesidades de las comunidades afectadas. El centro de acopio se convirtió en un punto de encuentro para ciudadanos que buscan aportar a la atención de la emergencia.
La historia de Luz Adriana Hoyos se repite una y otra vez en los más de 7000 metros cuadrados de la Unidad Deportiva, donde los caleños están haciendo un despliegue de apoyo y solidaridad. Los ciudadanos han llegado multitudinariamente con alimentos, ropa, herramientas y otros elementos para ponerlos a disposición de quienes hoy los necesitan.
Pero detrás de cada donación hay también una operación que permite convertir esos aportes en ayuda concreta. En la Casa Grande del Petronio, las ayudas son recibidas, clasificadas y organizadas para posteriormente ser despachadas, según las necesidades reportadas desde diferentes puntos de Cali y otros municipios afectados.
“Los hemos venido acopiando y repartiendo, en la medida en que esas solicitudes han venido llegando y que hemos podido atender de la manera ordenada que la misma crisis ha permitido”, explicó Julián Arteaga, secretario de Cultura de Santiago de Cali.
La operación cuenta además con el acompañamiento de organismos como la Cruz Roja, que apoya el fortalecimiento de la estrategia logística para mantener organizado el proceso de recepción y distribución.
La solidaridad también ha llegado desde fuera de Cali. A las donaciones de los ciudadanos se han sumado ayudas provenientes de otros territorios y de países como El Salvador y Perú. Parte de estos elementos ya han sido enviados a municipios del Valle del Cauca que también enfrentan las consecuencias de la emergencia.
“Esta, que es conocida como la Casa Grande, sigue siendo la Casa Grande, pero ya no para albergar la celebración de la versión 30 del Petronio Álvarez, sino la Casa Grande para la solidaridad con el pueblo afro, con el Pacífico y con la ciudad de Santiago de Cali”, añadió Arteaga.
Así, la Ciudadela Petronio, en su rol temporal de punto humanitario, hace eco de la fraternidad de los caleños y reúne historias de personas que decidieron poner su tiempo, sus recursos y su voluntad al servicio de quienes necesitan ayuda.


