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Los expertos de la UNGRD recorrieron los barrios Cuarto de Legua y Pampalinda, para verificar los daños en las estructuras y hacer recomendaciones a sus habitantes.

  • Expertos en evaluación de estructuras recorren la ciudad, junto a un equipo de USAR Colombia y policías especialistas en rescate.
  • El objetivo de los trabajos realizados el miércoles en Pampalinda y Cuarto de Legua es priorizar la vida

Santiago de Cali, 12 de agosto de 2026

A las 11:00 a.m., desde el Hospital Universitario del Valle (HUV), un bus del MIO escoltado por un camión de la Policía avanzaba por el carril exclusivo del Sistema Masivo de Transporte, convertido hoy en la única arteria vial despejada tras el desastre ocurrido en Cali.

A bordo no iban pasajeros comunes, sino un grupo de ingenieros estructurales de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), recién llegados a la ciudad. Estaban acompañados por un equipo técnico de policías especialistas en rescate y expertos del grupo USAR Colombia (Urban Search and Rescue o Búsqueda y Rescate Urbano).

El ambiente dentro del vehículo era de absoluta concentración. La meta no era emitir simples informes técnicos, sino acompañar activamente a los organismos de socorro en las tareas de búsqueda y salvamento. El objetivo primordial de la jornada del miércoles (12.08.2026) estaba claro: priorizar la vida sobre cualquier infraestructura.

El bus avanzó hacia el sur de la ciudad, atravesando una calle 5 devastada, invadida por edificios agrietados y otros ya destruidos en su totalidad, en los que la esperanza de vida pendía de un hilo, a pocas horas de cumplirse el tercer día de haber ocurrido el terremoto de magnitud 7.4.

El vehículo se detuvo en las comunas 17 y 19, en inmediaciones a la Plaza de Toros, específicamente en los barrios Cuarto de Legua y Pampalinda. Al descender, el equipo comenzó a caminar bajo un sol leve, que parecía dar un respiro térmico a la tragedia de Cali.

El contraste en las calles era desgarrador. Por momentos, los rescatistas pedían silencio con el puño en alto, un instante suspendido en el aire donde todos agudizaban el oído, intentando escuchar alguna señal de vida, un susurro o un golpe bajo las toneladas de concreto. Sin embargo, en ciertos perímetros del desastre, el silencio daba paso a un denso olor a descomposición y desconsuelo, que confirmaba la magnitud de la tragedia.

Mientras los especialistas de USAR Colombia y la policía técnica se abrían paso entre las ruinas de las estructuras colapsadas, los ingenieros estructurales hablaban directamente con la comunidad afectada que se agolpaba en los andenes.

Casa por casa, edificio por edificio, revisaron muros y columnas, entregando recomendaciones técnicas urgentes a familias atrapadas en la incertidumbre de no saber si su hogar seguía siendo seguro.

En medio de una conversación técnica, pero entendible, estaba Richard Figueroa, un habitante del barrio Cuarto de Legua, quien conversó con uno de los ingenieros estructurales. Le contó que sobre su casa cayó una viga del edificio con el que colinda por la parte de atrás y el cual está a punto de colapsar.

“Techos y ventanales de ese edificio cayeron sobre mi casa y la incertidumbre de uno es mucha, hasta con el edificio del frente, que también está que colapsa”, relató don Richard, mientras el equipo de la UNGRD le hablaba sobre las recomendaciones a seguir.

“Hay que evaluar bien los daños, primero que todo. Por el momento evitar estar en la vivienda en partes que no se debe, porque de un momento a otro esos edificios se pueden caer. Es gente muy especializada, que sabe más que cualquier otra persona. Ellos son calificados para estas labores y esperamos su ayuda”, contó don Richard.

En medio del panorama gris, lleno de escombros, la luz la ponía la propia ciudadanía: en diferentes esquinas de ambos barrios, los vecinos y voluntarios de la ciudad improvisaron puntos comunitarios con ayudas, alimentos e hidratación para los rescatistas, demostrando que en Cali, aun rodeados por el miedo, la solidaridad se niega a derrumbarse.

Rubiel Heredia, es un caleño que no pierde la esperanza. Su hija, estudiante de la Universidad Santiago de Cali, vivía en un complejo de aparta-estudios en Pampalinda que se vino abajo. “Ella es un milagro”, acentúa, destacando la presencia de los equipos de socorro y de ingenieros que recorrieron el sector. “Me parece que todo lo que llegue está bien, se necesitan para apoyo y para que nos ayuden. La mayoría de las personas quedó solo con lo que tenía puesto. Uno viene a tratar de recuperar algo y que no se lleven las cosas. Pero hay que esperar cuál es el paso a seguir, pero por ahora está quieto todo”, describió.

Testimonios como el de Richard y Rubiel, reflejan el sentir de una Cali que anhela y sueña con el milagro de encontrar más sobrevivientes. Un anhelo al que se suma la labor de estos expertos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, que avanzan en medio de la solidaridad comunitaria, recordando que el tejido humano de la capital vallecaucana permanece intacto y en pie frente al desastre.

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