En Manuela Beltran, al Oriente de Cali hay un rincon que huele a sazon, alegria y resiliencia. Se trata del Comedor Comunitario Prevenir Vale Mas.
Alli, en medio del bullicio, se escucha la risa de los ninos que saltan a la rayuela, el sonido de una olla gigante y la voz firme pero dulce de una mujer que decidio cambiar el rumbo de su vida para salvar la de los demas: Leidy Aguirre.
Leidy tiene 43 anos, es caleña, madre cabeza de hogar y tejedora de suenos. Sabe perfectamente lo que cuesta sacar a los hijos adelante en medio de las dificultades. Con sus propias manos crio a dos tesoros: su hija mayor, que hoy comparte saberes como profesora, y su hijo menor, un adolescente que crece viendo en su madre el vivo testimonio de que si se puede salir adelante.
Pero el instinto materno de Leidy no se quedo entre las cuatro paredes de su casa; se desbordo para abrazar a todo su barrio.
Un dia decidio renunciar a la estabilidad de su empleo en una empresa. No era un impulso, era una vocacion.
«Dios puso en mi corazon ayudar a prevenir el consumo en los adolescentes, darle un plato de comida al adulto mayor, ayudar siempre al mas necesitado, y el comedor surgio en toda esta decision», comento Leidy con la certeza propia de quien encontro su destino.
Aquel proyecto no habia nacido de la nada. Era el legado vivo de su madre espiritual, una guia que ya no la acompana en el plano terrenal, pero cuya memoria se enciende cada manana cuando abre las puertas del comedor con pasion, amor y una fortaleza inquebrantable.
Hoy, junto a cuatro gestoras auxiliares, companeras de batallas y sazones, el comedor se ha transformado en una bendicion diaria que alimenta el cuerpo de 90 personas: madres cabeza de hogar cargadas de futuro, abuelos que buscan conversacion, ninos sedientos de juego, jovenes buscando oportunidades y habitantes de calle que encuentran alli el rastro de dignidad de su jornada.
Con lagrimas en los ojos, Leidy confiesa el motor de su lucha.
«Ver a los ninos y a los jovenes consumiendo drogas me afecta mucho. Siento una gran responsabilidad para evitar esta situacion con actividades que ocupen su tiempo libre, actividades que promuevan sus talentos».
Y mientras la comida se sirve, el barrio se transforma. El comedor se convierte en una escuela de vida donde los juegos rescatan la infancia.
A traves de la danza, el teatro, la cultura y el deporte, los adolescentes descubren que sus manos sirven para crear y sus pies para bailar, manteniendose lejos de las esquinas peligrosas y de las sustancias que apagan vidas.
Leidy no descansa. Es una lider de puertas abiertas y oido atento. Cuando la comunidad habla, ella se convierte en un puente: toca las puertas de la Alcaldia y de cuanta institucion sea necesaria para llevar ferias de salud, servicios para migrantes, apoyo a personas con discapacidad y atencion a los adultos mayores. Para ella, gestionar no es un trabajo administrativo, es un acto de amor.
Esta transformacion comunitaria no se detiene en el almuerzo diario; se consolida en las fechas que tocan la fibra del corazon del barrio. Como muestra de ello, el comedor se vistio de fiesta para celebrar el Dia del Padre, una jornada en la que los papas del sector cambiaron la rutina por abrazos, risas y un homenaje a su labor.
A traves de este tipo de encuentros, Leidy y su equipo propician espacios de bienestar y alegria que afianzan los lazos de union comunitaria, sanan las relaciones del hogar y fortalecen de manera profunda el tejido social de Manuela Beltran.
Al final del dia, cuando las ollas vuelven a estar limpias y el eco de los juegos tradicionales se disipa en la tarde caleña, queda la certeza de la tarea cumplida.
Los lazos familiares en Manuela Beltran son hoy mas fuertes gracias a este espacio. Los ninos ya no ven el comedor simplemente como un lugar donde calmar el hambre; lo han integrado en su geografia afectiva como su fortaleza y sitio seguro.


