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El arte, la música, el folclor y el emprendimiento se tomaron este fin de semana el corregimiento La Leonera, en cuya biblioteca hacía más de 6 años no se reunían los habitantes de los 15 corregimientos de Cali que año tras año se daban cita para mostrar lo mejor de sus regiones.

Para frenar esta sequía el gestor cultural de La Leonera, Adrián Ospina, comenzó a motivar a residentes y campesinos de todas las veredas, a la coordinadora de la biblioteca, Joselyn Benavides; a miembros de Recreavalle, como Geraldine López y a la Secretaría de Cultura de Cali para que su programa ‘Barrio en Movimiento’ llegara al corregimiento y se volviera a prender la fiesta de integración.

Dicho y hecho. Como en procesión, desde las 8:00 de la mañana del domingo 12 de noviembre empezaron a llegar los grupos folclóricos de niños, adultos y adultos mayores, los bailarines con sus comparsas, los teatreros con sus obras, los jóvenes con sus coreografías de hip hop y breakdance, los emprendedores con sus artesanías, modistas con tejidos, bisutería, gastronomía, mecato y productos agrícolas, al igual que los duetos, tríos y grupos que habrían de hacer las delicias de los asistentes.

A la tarima principal subieron a mostrar sus habilidades Nani Puka, de Montebello; El Buen Vivir, de La Castilla; Los Jardines Eternos, de Navarro; el Ensamble Rural, de Felidia; Semillas de Farallones, de Los Andes y Rural Swing, de Golondrinas; para luego hacer una pausa y jugar la tabla de bingo que daba jugosos premios en productos del campo.

Una vez retomaron fuerzas aparecieron en escena Bosques de Morgan, de El Hormiguero; el Taller folclórico Dejando Huellas, de El Saladito; el solista Alejandro Giraldo, de La Buitrera; Tradición folclórica, de Pance; Los Leones del Recuerdo y Los Amigos, de La Leonera; Los Aventureros, de Felidia; la Orquesta Son de El Saladito y Atardeceres Mágicos, de La Paz.

La tarde -al igual que la mañana- lucieron espléndidos, el sol acompañó la jornada y la suave brisa ratificó una vez más que el clima y las bondades de la naturaleza son aliados de la zona rural de Cali. Se jugó una nueva tabla y la diversión siguió ya cayendo la noche.

El grupo Son Farallones, de Pichindé; el Trío Los Turpiales, de La Elvira; Los Alegres, de Villa Carmelo y el grupo musical Nuevo Son, también de La Elvira, cerraron la parte musical, folclórica y teatral con lleno total, lo que demostró que querer es poder y eso les dio más fuerza a los organizadores de continuar con un legado que no debió de pararse, ni con la pandemia.

Los emprendedores se fueron felices. Se vendieron las flautas, las quenas, las maracas, las artesanías en mostacilla y macramé de La Herrera, los adornos navideños, el frijol dálmata, la panela artesanal, los bananos, los aguacates y sus derivados, la cocada, el salpicón, las galletas, el chorizo, la papa rellena, la aguapanela y cientos de productos más.

Nadie se devolvió a casa con productos. Muchos vendieron. Y los que no, los compartieron. Al fin y al cabo esa era la idea: compartir después de casi una década de no verse las caras. Caras felices que esperan ver cada año cómo progresa el talento de aquellos niños y jóvenes que han de preservar el legado campesino.