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Gritos, soponcios, desmayos, lágrimas y pataletas de felicidad, son apenas unas de las manifestaciones de alegría que abuelas, madres, padres, amigos y compañeros demuestran cada que sale a la tarima un participante de la categoría infantil en la versión número 17 del Festival Mundial de Salsa Cali 2022, organizada por la Alcaldía de Cali, de la mano de su alcalde Jorge Iván Ospina.

A pesar de que no llovió en la Carpa de Actores de la Salsa, donde se desarrolló la gran final de las diferentes modalidades en categoría infantil, el llanto inundó el recinto, pues son niños en proceso de aprendizaje que a tan corta edad nada tienen que envidiarle a los profesionales.

“Me he comido hasta las uñas de los pies. Estoy al borde de un infarto. Me duele el pecho”, decía Berenice Ortiz con los ojos encharcados, luego de ver a su nieta Valentina llena de colorines, canutillos, lentejuelas y zapatos de tacón, siendo apenas un pite de 7 años.

No era diferente el sentimiento de Ana Cecilia Morales, abuela de Michael Andrés Melo Morales, un chico de 11 años, bailarín insigne del barrio Nuevo Latir y estudiante de séptimo grado en el Colegio Belén, de Villanueva.

“MI éxito -dice Michael Andrés con absoluta certeza- es que me aprendo muy fácil las coreografías de salsa estilo caleño, ensayo pasos nuevos y trato de ser preciso en mis movimientos”.

Pero la tapa fue la presentación del Grupo ‘Barrunto sin límites’, de Palmira. Esta agrupación conformada por 22 personas en condición de capacidad, o de capacidades diferentes -como le llaman ellos- llegaron al escenario de la mano de su director, Héctor Fabián Ramos.

Subieron la escalinata con pasos lentos, descoordinados y cautelosos. Pero cuando en la tarima empezó a sonar la música se olvidaron de sus limitantes y empezaron a bailar como trompos, dando vueltas y haciendo coreografías muy bien estudiadas, al punto que el público se paró para aplaudirlos y ovacionarlos.

El locutor oficial, Édgar Hernán Arce, quien había anunciado la demostración que haría Barrunto en tarima, no tuvo valor para anunciar la conclusión de la presentación. El llanto se apoderó del enorme Arce, quien tan solo atinó a decir: “Dios es grande”.

Daniela Perea, gerente de marca de Angora Producciones, berreaba a chorros. “Ay, no… qué belleza, qué talento… Y uno que supuestamente está sin ninguna limitación, a duras penas ve caminar”, decía.

Así como ellos estaban cientos de espectadores. Por donde se mirara, había gente haciendo pucheros, con lagrimones que les escurrían por las mejillas, moviendo la cabeza de un lado a otro y apretando las manos, como diciendo: “Qué impotentes somos”.

Y lo que empezó como un escenario donde todo sería risas y festejos, terminó en un recinto sagrado donde unos y otros se miraban, como queriendo decir: “Y tanto que nos quejamos”. Pero en cuestión de minutos todo volvió a la normalidad con la continuación de las eliminatorias de salsa estilo cabaret y los asistentes volvieron a reír y a aplaudir, cogiendo impulso para la próxima llorada: la decisión de los jueces.