En los corregimientos de Cali, donde el verde de la montaña se une con el esfuerzo de su gente, la recuperación de la ciudad se continúa cosechando. No se trata solo de raciones de comida; se trata de dignidad, encuentro y presencia institucional en los territorios más alejados.
A través de una articulación vital entre la Alcaldía de Cali y la Arquidiócesis de Cali, el programa de comedores comunitarios ha logrado romper las barreras geográficas. Hoy, 47 comedores rurales son mucho más que puntos de entrega de alimentos: son espacios de atención integral donde la comunidad se siente escuchada y acompañada.
Durante la vigencia 2025, el impacto en la zona rural fue histórico. 875.840 raciones entregadas directamente. No son solo números, son historias de vida detrás de cada plato:
«La recuperación de Cali también se construye desde la mesa. No es solo un plato de comida, es la reconstrucción del tejido social, nuestros comedores son espacios de encuentro, donde se tejen lazos de solidaridad, amor y aprendizaje mutuo. Queremos que el habitante del campo sienta que su ciudad lo abraza, que la atención integral, llega hasta su puerta», destaca Johana Caicedo secretaria de Bienestar Social.
Mientras se comparte el alimento, se fortalecen los lazos vecinales y se brinda un acompañamiento que entiende las dinámicas propias de los corregimientos, por qué el comedor comunitario es el punto de encuentro donde se teje el futuro de una Cali más solidaria y resiliente.
Con esta estrategia, Cali demuestra que la verdadera transformación nace de la empatía y llega a cada rincón del territorio, porque el hambre no espera y la esperanza se cultiva juntos.


