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  • Cámaras trampa siguen revelando la riqueza en la Capital Mundial de la Biodiversidad.
  • El corregimiento de La Leonera debe su nombre al registro de la presencia de pumas.

Santiago de Cali, 7 de enero de 2026

El reciente avistamiento de un puma por parte de caminantes, en límites de los departamentos del Cauca y Valle del Cauca, ha despertado una ola de admiración y curiosidad por la presencia de estos felinos en el territorio.

La presencia de estos leones de montaña (como también son conocidos) no es una noticia pasajera en Santiago de Cali, sino la ratificación de un elemento de nuestra identidad y un triunfo ambiental que hoy se respalda con datos científicos.

Según Lina Marcela Botía Muñoz, directora del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), gracias a una alianza para la investigación establecida desde 2025 con el Instituto Alexander Von Humboldt y Conservación Internacional, se instalaron 120 cámaras trampa en zonas de protección y conservación administradas por la autoridad ambiental local.

Los resultados de estos equipos, que incorporan inteligencia artificial al monitoreo de vida silvestre, son contundentes. Se han logrado captar 6310 registros de mamíferos que habitan en los predios de conservación de la ciudad, incluidos especies sombrilla como pumas, que demuestran que el bosque caleño está vivo”, subrayó la titular del Dagma.

La Leonera: donde se encuentran la historia caleña y el puma

El trabajo de investigación y monitoreo científico que desarrollan el Dagma y el
Instituto Alexander Von Humboldt, cobra un valor especial cuando los equipos de Gobernanza y Educación Ambiental incorporan a las comunidades a estos ejercicios de construcción de conocimiento en los territorios, a partir de narrativas de la historia y raíces de nuestra zona rural.

El corregimiento de La Leonera, ubicado al occidente de Cali, debe su nombre precisamente a este felino, el puma.

El registro de su presencia en el territorio se remonta a 1880, cuando, según los relatos de la comunidad, colonos como Eleazar Cardona y Calixto Hernández, buscando un futuro en estas tierras se toparon con una leona (puma) y tres cachorros. El grito de asombro de los expedicionarios: “¡Hijuele, qué leonera!”, bautizó para siempre a este territorio.