- El comedor comunitario Lesly Janine se encuentra ubicado en el barrio El Guabal de la comuna 10.
- Es atendido desde hace dos años por la gestora Liliana Quiroz López.
Santiago de Cali, 23 de abril de 2024
El comedor comunitario de doña Liliana Quiroz López lleva el nombre de su hija mayor: Lesly Janine, quién hace 29 años nació con síndrome de Down y se convirtió en su motor de vida y esperanza.
«Ella depende 100 % de mí. A raíz de la cardiopatía congénita y de una operación en su niñez, no camina, no habla, no ve, no se puede mover, permanece todo el tiempo acostada», dice la gestora.
Aunque las circunstancias no han sido fáciles para Liliana, a causa de una infancia llena de carencias en la que muchas veces faltó el plato de comida para su familia, desde hace dos años lidera con amor y dedicación su comedor comunitario en el barrio El Guabal, en la comuna 10 de Cali, que atiende más de 80 personas a diario.
Liliana, quien es madre cabeza de hogar, es ejemplo de fortaleza y resiliencia. Pese a todas las dificultades que implica cuidar y hacerse cargo de su hija, ella sigue llevando un mensaje de esperanza a través de un plato de comida desde su comedor.
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Sancocho, pollo guisado, arroz, ensalada y limonada es el menú que tendrán los beneficiarios para el día de hoy. «Ellos vienen con sus viandas y se les empaca la comida, muchos de ellos dividen la ración para almuerzo y cena, porque es increíble ver cómo tanta gente en Cali pasa hambre y, por eso, desde mi historia de vida quiero aportar este granito de arena para mejorar esta situación. Pero esto no sería posible sin la ayuda de la Alcaldía y la Arquidiócesis, a los que siempre les estaré agradecida», dice Liliana, sentada en la sala de su casa.
Además de la entrega de los alimentos en el comedor, Liliana tiene un emprendimiento de postres, con el cual se ayuda económicamente. También lidera la huerta comunitaria en el parque de su barrio, la cual les provee algunos insumos para la preparación de los alimentos.
«A mi comedor llegan todos los días personas que, aunque tengan una vivienda y se vean bien vestidas, por una u otra razón pasan hambre, aquí también atendemos población con discapacidad, adultos mayores, recicladores y niños».
“Ayudar es un bálsamo para el alma, aunque la vida para mí no ha sido fácil, hoy entrego mi testimonio, porque en vez de quedarme aquí sentada llorando quiero ayudar a las personas que están pasando hambre aquí en El Guabal”, concluyó con una sonrisa.


