A las 5:00 de la mañana Antonio Gutiérrez aperó la mula para salir con su tiple, su guitarra y su garganta afinada con el firme propósito de participar en el Encuentro de Culturas Rurales organizado por la comunidad del corregimiento La Leonera y el apoyo de la Alcaldía de Jorge Iván Ospina, a través de la Secretaría de Cultura de Cali y su programa ‘Barrio en Movimiento’, que esta vez fue ‘Corregimiento en Movimiento’.
A sus 85 años de edad y con cuatro hijos, este arriero, leñador y extractor de grava en ríos caleños logró ir escalando con su talento musical, hasta convertirse en profesor de música del Colegio La Presentación de El Aguacatal, instructor de canto y guitarra de ‘La Ronca de Oro’, Helenita Vargas y ganador del Festival de Música Campesina en La Leonera y Golondrinas.
Todo ese esfuerzo fue recompensado por la Secretaría de Cultura de Cali, que preside Brayan Hurtado, al otorgarle una pensión vitalicia (Beneficios Económicos Periódicos – Beps), pues a pesar de haberse empleado en varias empresas legalmente constituídas no alcanzó a pensionarse porque la mayoría del tiempo se la pasó jornaleando. Y en el campo no hay pensión.
“Un día, después de sacar arena y grava del río Aguacatal, me senté en una piedra, saqué mi guitarra y comencé a tocar ‘Zorba, El griego’. Unas monjas que pasaban por el camino se bajaron al río y me dijeron: ¡ Qué talento ¡ ¿Podría enseñar eso a las alumnas del colegio?. No Madre, escasamente estudié hasta 1º tuso y a duras penas leo y sumo. Además, ni ropa tengo”, cuenta Antonio.
Al día siguiente las monjitas bajaron al río con ropa nueva para el juglar, lo llevaron al claustro educativo y le hicieron un contrato como profesor de música pagándole $300 mensuales, donde estuvo como docente durante 9 años por allá en los años 60.
Terminado su ciclo, volvió al campo del que nunca salió. Retomó sus andanzas de arriero y bohemio, actividades que combinaba con serenatas para las que lo contrataban en Cali, época en la que pararse a rasgar su guitarra en ‘Aquí es Miguel’ o ‘La casona de la 15’ era contrato fijo. Las anécdotas fueron innumerables.
Recuerda una en el barrio San Fernando.
“Se me acercó un muchacho en un carro, como a las 2:00 de la mañana, para que fuera a cantarle unas canciones a su enamorada por allá por el Hospital Departamental. Todos los músicos estábamos jinchos de la perra, pero por no dejar ir la platica… fuimos. Igual, el muchacho estaba más borracho que nosotros. Empezamos a tocar y se nos olvidaron las canciones. Cuando menos pensamos salió al balcón el papá de la muchacha y nos tiró unos miaos. Ese viejo cochino todavía usaba bacinilla”.
Por fortuna esas amenazas ya no las tiene. Vive feliz en su vereda Los Limones del corregimiento Los Andes, labra la tierra, canta en festivales y en tertulias de amigos, enseña a los niños a preservar el folclor junto a su amigo Christian Lara quien tiene a cargo un grupo de niños bajo el nombre ‘Semillas de Farallones’ quienes cantan, tocan guitarra, tiple, flauta y tambora al tiempo que componen canciones al Guatín Fermín, a la Guacharaca, a la fauna, al río y a la naturaleza.
Y con su estilo montañero, agradeció a la Secretaría de Cultura el que hubiera revivido este espacio para el campo, el cual llevaba seis o siete años de letargo: “Qué berraquera, estoy más contento que marrano estrenando lazo. Añoraba esto porque solo aquí nos reunimos cada año los músicos y cantantes de los 15 corregimientos de Cali. Y que siga, pues. Aquí revolamos como polla ardida”.
Al final de la jornada, Antonio Gutiérrez, salió feliz por haber participado y aunque no haya retenido su título porque no fue a competir, contribuyó con el propósito de la Alcaldía de Cali de promover el legado patrimonial, el fortalecimiento de las diversas expresiones autóctonas de la región y el contacto directo con las comunidades.


