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El folclor de las naciones del mundo se apoderó de Cali con un gran desfile que atravesó la calle quinta y llegó hasta el Bulevar del Río. Fue todo un derroche de color, cultura y tradiciones populares, que dejó en el corazón de cada participante una huella imborrable. En sus palabras, dicen que la ‘sucursal del cielo’ será en adelante su segundo hogar.

“Estoy maravillado, sobre todo por el recibimiento y la acogida. No dejo de estar emocionado por la calidez del pueblo y el cariño que tienen por nosotros. Esto es enorme, se siente como si fuéramos todos un mismo pueblo; esa es la idea, pues somos una sola cultura en toda Latinoamérica”, resaltó Alejandro Garril, integrante de la agrupación Chamal, de Chile.

El ‘Primer Encuentro Mundial de las Culturas Populares’ hizo que Cali fuera por cerca de 15 días completos el epicentro del folclor internacional. Era la oportunidad perfecta para mostrarle al planeta entero las tradiciones de cada pueblo y un hermanamiento de naciones que quedará plasmado en la historia de esta ciudad, acostumbrada a recibir con los brazos abiertos a quien fuere pero, sobre todo, a quienes se enamoran de ella a primera vista.

“Está bastante lleno, puedo ver muchos colores y otras culturas. Creo que en Cali son muy amables; hoy ha sido muy colorido y especial”, expresó Adam Bjork, de la agrupación Folk Song and Dance Ensemble Jawor de Polonia, refiriéndose al desfile de la Gran Parada de las Culturas Populares’.

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Y si algo ha dejado claro este evento es que los colombianos se apoderaron del mundo. En cada rincón del planeta hay un representante de la tierra cafetera, hasta en Rumanía, donde una cartagenera muy caleña enamoró con sus pasos de baile a Doru Desreu, el rumano encargado de tocar el violín en la agrupación Ansamblul Flocloric Somesul.

“Ellos estuvieron haciendo un tour por Colombia y llegaron a Cali; yo estaba haciendo una presentación y así es el destino, nos conocimos en medio de un espectáculo y nació el amor”, detalla Yois Villa, quien además de ser la esposa de Doru, es una bailarina excepcional y la traductora del grupo.

Por su parte, Doru afirma que “hace rato queríamos venir a Colombia, porque como algunos ya habíamos experimentado estar aquí, queríamos que todo el grupo sintiera lo mismo y pudieran conocer de la cultura de mi esposa y mostrar la nuestra”.

Con la nostalgia del final y la alegría de haber vivido esta experiencia, tanto las delegaciones nacionales como las internacionales se llevan tatuado el nombre de Cali en el corazón.

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