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Pues el número en los onomásticos no es, ni mucho menos, un inconveniente  para Mircea, Dorin y Vasile, tres calusaris que desde Rumania llegaron a Cali. El Calus  es un baile de este país europeo que llama a traer fortuna, felicidad y salud a sus pueblos. Ellos con su acordeón, clarinete y taragot (instrumento de viento, típico de Rumania), recorren el mundo para afinar las notas que sus compañeros danzantes, se encargan de convertir en bailes folclóricos.

Esta vez el turno es para Cali. Aunque el trío ha recorrido varios países casi que en los 5 continentes, es la primera vez que están en Sur América y por supuesto en la sultana del Valle. El calor agobia al equipo que está acostumbrado a un normal -20 en época de invierno y máximo, unos 36 grados en verano. Aun así, salen a escena a ´darla toda´ sin siquiera parecer que sudaran. Son el alma de la danza típica pues sus instrumentos son los protagonistas de los pasos que parecen mecerse en el aire sobre la tarima.

Estos tres mosqueteros inseparables, se han pasado toda una vida afinando sus instrumentos y mostrando los  bailes típicos de su país. Así han recorrido por más de tres décadas, naciones alrededor del mundo. Saben que muchos de los compañeros en su delegación, bien podrían ser sus nietos, pero como la edad es sólo un número, dan fe que nada les ´queda grande´.

Dorin tiene 60 abriles y comenta que estar en Cali es una deliciosa combinación entre calor y diversión. Es ingeniero eléctrico de profesión y folclorista por hobbie. Interpreta el acordeón pero su grupo data que sus primeras presentaciones fueron en la década de los 70. Aunque las presentaciones siempre son sinónimo de carrerones, está acostumbrado al tema y a viajar por largas horas en un avión. De Cali lo tiene flechado el alma de su gente: “son seres humanos muy serviciales y amables. Aquí siento haber conocido a las mejores personas del mundo. Además la comida caleña es de lo mejor”, afirma.

De otro lado Vasile Popa, es quien le inyecta el aire a las notas del taragot, una especie de flauta que a la vista, parece mucho más complicada de aprender que los sencillos huequitos de la flauta clásica. Es un instrumento de viento autóctono de Rumania no muy fácil de interpretar y que poca gente lo hace pero esa es la razón principal por la que Vasile, lo domina. La mayor parte de sus 58 años, los ha dedicado a la música folclórica y a viajar con su grupo desde el 2006 y no piensa dejar este ritmo de vida por nada del mundo. De Cali le gusta todo… la gente, la vista, la comida, todo es perfecto para él.

Mircea es el mayor de los tres pero su personalidad jocosa, no revela su edad. Ha elegido sacarle notas al clarinete durante 30 de sus 70 años. Es un coqueto tierno y le gusta ser entrevistado porque así puede según él, apreciar la belleza que advierte, es un tesoro de las caleñas. La vida le ha dado la oportunidad de codearse con los mejores en la Orquesta Filarmónica de Rumania pero puede variar entre esta música y la folclórica sin problema. No se cansa de viajar. Eso sí, siempre que lo hace, la regla de su esposa es que debe llamarla a contarle su día a día a las 5:00 p.m. (hora de su país), sin falta.