Amparo Sinisterra de Carvajal y Mariana Garcés parecen madre e hija; han caminado los mismos pasos a veces en direcciones diferentes, pero siempre con un objetivo en común: la cultura. Además, ambas son caleñas de puro corazón.
Hacer un recorrido por la vida de cada una de ellas es embarcarse en un viaje de matices claros y de un gran compromiso y amor por el arte y por Cali.
Aquella niña que se aburría y escapaba de clases en el colegio, para encontrarse en el río con su padre a tardear y charlar de la vida, creció para enamorarse de la danza. Estudió ballet y danza en Estados Unidos; se rumbeó cada una de las baldosas del entonces Club San Fernando, el mismo que abría sus puertas a toda la sociedad de Cali sin mayores distingos. “Mientras mi esposo se dedicaba a arreglar el país con sus amigos, yo bailaba hasta que las luces se apagaban”.
Así recuerda doña Amparo con cierta picardía; la misma que la llevó a ser insistente, persuasiva, incansable y brillante; todas características necesarias para haber logrado gestar la Compañía de Ballet Clásico Colombiano en Bogotá, dirigir el Festival Panamericano de Cultura, crear la emisora Cultural de la Fundación Carvajal, fundar y dirigir el Instituto Popular de Cultura, Colcultura, y además, concebir y gerenciar el Canal Regional de Televisión Telepacífico.
Y a su lado, siempre estuvo Mariana Garcés, muy ágil, de mente veloz, aprendiendo y superando a la maestra. Fue su asistente durante varios años. También gerenció Telepacífico y además fue ministra de cultura, tan efectiva que repitió gestión; y desde el 2010 hasta el 2018 ocupó ese cargo invitada por el entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.
Tenerlas juntas es volver a ese pasado de historias increíbles y sensibles como el sentimiento que aflora cuando Mariana responde que tiene mucho que agradecerle a su maestra y que admira en ella su organización, puntualidad, entusiasmo y esa gallardía de tener siempre la camiseta puesta por Cali.
“Es que lo mío es una enfermedad por mi ciudad. Todo lo malo que le hagan a Cali me duele en unos niveles que mis hijos se ponen furiosos. Y es que Cali es como la mamá de uno, uno no tiene sino una y tenemos del deber de quererla y cuidar de ella”, destacó doña Amparo, mientras parece hablar con el movimiento de sus manos delgadas y estilizadas.
A sus 86 años, argumenta que aún tiene mucho que hacer por su territorio, que es la mejor mandadera del mundo y que está presta para ayudar, apoyar y promover expresiones culturales y artísticas que convergen en una región que ella misma denomina abierta, refiriéndose a que es un lugar de paso para muchas personas que dejan aquí su legado raizal.
Doña Amparo toma aire, guarda silencio y piensa cuando se le pide destacar un solo evento cultural de Cali. Se decide por el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. “Es que tiene una expresión riquísima en ámbitos tan amplios como la música, la gastronomía, la moda, las bebidas típicas y la alegría. Pero necesitamos inyectarle aún más promoción. Eso sí, déjeme decirle que por el ladito meto a mi Feria de Cali que, pienso, debemos diversificar y evolucionar”, comentó.
Mariana Garcés, destacó que Cali es la única ciudad que tiene una escuela de ballet clásico y una compañía de danza contemporánea profesional. “Tenemos una riqueza cultural enorme. Además, en la zona del oriente hay todo un movimiento de danza urbana importantísimo. El folclor en las colegios y universidades es muy significativo; también está el IPC que ahora quiere volverse universidad… somos un territorio que ha vibrado a lo largo de su vida por los temas y los asuntos culturales. La influencia para nosotros del Pacífico es enorme y es algo que tenemos intrínseco”, indicó.
El clima, el río que atraviesa la ciudad, pero sobre todo la disposición y alegría, la honestidad y desparpajo de la gente de Cali es lo que estas dos damas de la cultura del país más resaltan de la Sultana del Valle, la misma que las vio nacer y que al son de su brisa, las aplaude y agradece su incansable labor.


