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Era la 1:07 de la mañana del 7 de agosto de 1956, la gente en su mayoría dormía en esa pequeña Cali que esperaba conmemorar un nuevo aniversario de la Batalla de Boyacá, en la que Bolívar –el Genio de la Gloria casi 140 años antes- había derrotado por fin a los chapetones realistas. Y fue a esa hora de la madrugada cuando el descanso nocturno se volvió pesadilla; la tierra tembló hasta los 4.3 grados en la escala de Richter; el aire se enrareció y se llenó de gritos y espanto, como si el apocalipsis quisiera desaparecer con una bola de fuego la incipiente urbe.

Escritos y comentarios de aquella fecha, dan cuenta que esa pequeña Cali casi se funde por la explosión de 42 toneladas de dinamita, contenidas en al menos un millar de cajas que estaban en siete camiones estacionados sobre la calle 25 con carrera 2, en inmediaciones a la estación de carga del extinto ferrocarril del Pacífico y que eran custodiados por Ejército.

El sol apenas se asomaba cuando el dantesco panorama terminó de abrir los ojos de los aterrorizados sobrevivientes, que en medio del horror vieron la devastación de 41 manzanas de barrios como San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Jorge Isaacs y Fátima, donde la vida se apagó para unas 4 mil personas.

Ese hálito de muerte dejó al menos 12 mil heridos, fracturó el alma del resto de ciudadanos, afectó las palmas que adornaban esa calle 25 y profanó las tumbas del cementerio Central, al tiempo que anunció la desaparición de la antigua plaza de mercado Belmonte. En síntesis, esta explosión fue resumida por el padre Alfonso Hurtado Galvis, quien encabezara los rescates caminando por el piso de muerte, como el hecho trágico más grave en la historia de América Latina, por causas no naturales.

Para el alcalde Jorge Iván Ospina, 65 años después Santiago de Cali, pese al dantesco acontecimiento, involucró en su ADN la fortaleza de un pueblo, que son sus gentes nacidas o adoptadas, para sobreponerse a las adversidades y mostrarse resiliente, mirando con la cabeza en alto hacia un promisorio horizonte.

“Ese crisol de culturas que nos han formado como ciudad y región, nos permiten ser fuertes en la adversidad y solidarios en la necesidad. Por eso, tomando como ejemplo esta tragedia y la forma como nuestros mayores se sobrepusieron a ello, insto a la caleñidad a que nos sobrepongamos a las vicisitudes y a los problemas sociales y, como un solo equipo, nos unamos y trabajemos por la amada Cali, haciendo del diálogo la mejor herramienta para lograr el desarrollo y el beneficio por una mejor vida para todos”, apostilló el mandatario Distrital.

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